La racionalidad corbusiana emerge de modo inequívoco en la simplicidad y rotundez de la idea generatriz: una "S" de mampostería de piedra rústica como gesto zonificador, enmarcando en sus dos concavidades las zonas de estar y de servicio.
El resto de los cierres de la casa están resueltos con elementos livianos, de construcción en seco: techos de estructura de tirantes de madera y frentes de carpintería y panelería seca. La fuerza y la síntesis expresiva de la obra radican en ese solo tema: el contraste entre la "S" ciclópea y los cerramientos livianos del resto.
La casa se construye a través de muros de piedra que se rigidizan entre sí, una vez levantados se coloca la estructura y los forjados de madera. Todas las habitaciones disponen de ventilación cruzada y muros, voladizos y terrazas protegen las estancias del sol. Los grupos de agua están centralizados sobre un pozo que los sirve. Los muros de 45 cm de espesor, se sitúan longitudinalmente a distancias de 12,5 metros y transversalmente a 5,1.

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